lunes, 19 de marzo de 2012

"El Bigote del Tigre"

Cuento Coreano


Una joven mujer cuyo nombre era Yun OK, llego un día a la casa de un ermitaño en la montaña para pedirle ayuda. El ermitaño era un sabio de gran nombre y tenia poderes para fabricar talismanes y brebajes mágicos.

Cuando Yun Ok entró a su casa, el ermitaño dijo sin levantar la vista de las llamas, que estaba observando en la chimenea: “¿Por qué has venido aquí?” Yun OK, le respondió: “Oh gran sabio, estoy desesperada, hazme una poción te lo ruego”. “Ah, si como no, hazme una poción, hazme una poción, todo el mundo quiere una poción, dime ¿podremos curar a un mundo enfermo con pociones? “

Maestro” Suplico Yun Ok, “Si no me ayudas estoy perdida”. “Bueno, ¿cuál es tu historia? Dime”, dijo el ermitaño, quien finalmente estuvo dispuesto a escuchar. “Se trata de mi esposo”, dijo Yun OK. “Yo lo quiero muchísimo. Hace tres años se fue a la  guerra a pelear y ahora que ha vuelto, apenas me habla, ni habla con los demás tampoco. Cuando yo hablo, parece que no me escucha. Y cuando por fin se decide a decir algo, lo hace con rudeza. Si le sirvo la comida y no es lo que le gusta, la  echa a un lado, y sale enojado del cuarto. A veces, cuando debía estar trabajando en el arrozal, lo veo sentado en lo alto del cerro, mirando hacia el mar”. “Si, así es a veces con los hombres jóvenes que regresan de la guerra”, dijo el ermitaño: “Sigue contando”.

“¡Ya no hay mas que decir! Hombre sabio, yo quisiera que me dieras una poción para darle a mi esposo para que vuelva a ser cariñoso y gentil como solía ser”. “¡Sí, como no!, tan simple como eso ¿no?”, dijo el ermitaño. “¡Vaya, vaya! Una poción... bueno, vuelve dentro de tres días y entonces te diré lo que vamos a necesitar para hacer una poción como la que tu deseas”.

Tres días más tarde Yun Ok regresó a la casa del ermitaño sabio. “He estado pensando en el caso”, dijo él. “Tu poción  se puede preparar, pero el ingrediente principal es un pelo del bigote de un tigre vivo. Tráeme ese pelo, y yo te proporcionare lo que tu necesitas”. “¡Un pelo del bigote de un tigre vivo!” exclamó Yun Ok. “¡¿Cómo podría yo conseguir semejante cosa?!”. “Si la poción que tu me pides es para ti lo suficientemente importante, tu podrás conseguirlo”, Dijo el ermitaño, volteando  la cabeza a otro lado en señal que ya no deseaba hablar mas.

Yun Ok regresó a su casa. No cesaba de pensar en como podría conseguir un pelo del bigote del tigre. Una noche mientras su esposo dormía, calladamente se salió de la casa con un plato que contenía arroz y salsa de carne. Se fue a la ladera de la montaña donde sabía que habitaba el tigre. Parada a una gran distancia de la cueva del tigre, extendió su brazo con el plato que contenía la comida y llamo al tigre para que viniera a comer. El tigre no vino. La noche siguiente Yun Ok fue al mismo lugar, pero esta vez se acerco más. Otra vez ofreció la comida. Así, todas las noches fue a la montaña llevando la comida y acercándose cada vez más a la cueva. Poco a poco el tigre se fue acostumbrando a verla ahí.

Una noche, Yun Ok llegó a la distancia de una pedrada de la cueva del tigre. Esta vez el tigre se aproximó unos pasos y se paró. Los dos estaban mirándose ahí, a la luz de la luna. Eso mismo pasó la noche siguiente, y esta vez estaban tan cerca el uno del otro, que Yun Ok pudo, con voz suave y tranquila, hablarle. La siguiente noche, el tigre, después de analizar cuidadosamente la mirada de Yun Ok, comió el alimento que le ofrecía. Después de esto, cada noche, cuando Yun Ok llegaba  a la ladera de la montaña se encontraba al tigre esperándola. Cuando el tigre hubo comido, Yun Ok podía acariciar suavemente su cabeza. Pasaron casi 6 meses desde su primera visita. Finalmente una noche, después de haber acariciado su cabeza, Yun Ok dijo al tigre, “Oh tigre, generoso animal, necesito que me des un pelo de tu bigote, ¡no te enojes conmigo!” Y es así que arrancó uno de los bigotes del tigre. El tigre no se enojó, como ella había temido. Yun Ok bajó por la ladera de la montaña, no caminado sino corriendo, con el pelo del bigote tomado firmemente en su mano.

A la mañana siguiente estaba ya en la casa del ermitaño, justo cuando el sol se elevaba por el mar. “¡Oh sabio famoso!” Exclamó, “¡Ya lo tengo! ¡Tengo el pelo del bigote del tigre! Ahora ya puedes prepararme la poción que me prometiste para que mi esposo vuelva ser cariñoso y gentil conmigo!” El ermitaño tomó el pelo y lo examinó, después de auscultarlo detenidamente y satisfecho que verdaderamente era un pelo del bigote del tigre, se inclinó hacia adelante y lo dejó caer en el fuego que ardía en su chimenea. “¡Oh señor!”, gritó angustiada la joven mujer. “¡Mira lo que has hecho con ese pelo!”. “Dime como lo obtuviste”, dijo a su vez el ermitaño.

Pues fui a la montaña todas las noches con un plato de comida. Primero me detuve lejos y me fui acercando cada noche más para conquistar la confianza del tigre. Le hablé con suavidad y tranquilizándolo para hacerle entender que lo único que yo deseaba era hacerle un bien. Tuve mucha paciencia. Todas las noches le llevé comida aún a sabiendas de que él no comería. Pero yo no cejé en mi intento. Volvía y volvía. Nunca le hablé duramente. Nunca le reproché nada. Y finalmente una noche él se acercó unos pasos. Llegó el momento en que iba a mi encuentro en la vereda y comía del plato que yo llevaba en las manos. Yo le acariciaba la cabeza y él se expresaba con sonidos felices que salían de su garganta. Sólo después de eso me atreví  a tomar uno de los pelos de su bigote”.

Si, si”, dijo el ermitaño, “tu domaste al tigre y conquistaste para ti su confianza y su amor”. “¡Pero tu has echado el pelo al fuego, señor!”. Sollozó Yun Ok, “Todo ha sido en balde...”. “No, no creo que haya sido en balde”, dijo el ermitaño. “Ya no necesitamos el pelo del bigote. Yun OK déjame preguntarte algo: ¿Crees tú que un hombre es más malo que un animal, un tigre? Si tu puedes ganarte la confianza de un salvaje y sanguinario animal por medio de la gentileza y paciencia, ¿Por qué no podrías conquistar nuevamente a tu esposo?”. Al oír esto, Yun Ok permaneció muda unos momentos.  Luego avanzó por el camino reflexionando sobre la verdad que había aprendido en  casa del ermitaño en la montaña.

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