Harriet Tubman,
quien nació esclava en la costa este de Maryland alrededor de 1823, huyó y
llevó a muchos otros a la libertad. Durante la guerra civil fue enfermera,
espía y exploradora. Vivió hasta 1913. Profundamente religiosa, dedicó todas
sus energías a la libertad de los otros. Harriet Tubman fue una mujer de acción
y en tiempos de crisis su oración favorita era: “Señor, tú has estado conmigo
en seis problemas. Quédate conmigo en el séptimo”.
Aunque no sabía
leer ni escribir, se escribieron muchos libros acerca de sus actividades en “la
estación subterránea del tren”, guiando más de 300 esclavos a la libertad,
incluyendo sus ancianos padres. Harriet Tubman fue una mujer casada, aunque la
mayor parte de su vida caminó sola, cubriendo muchos kilómetros cuando viajaba.
Hablaba de la aristocracia del sur a través de sus discursos en el norte, en
contra de la esclavitud.
Una vez ofrecieron
$40.000 dólares por su captura. Cuando tenía 25 años, ella huyó de las
plantaciones, dejando a su esposo, padres, hermanos y hermanas. Harriet y sus
hermanos comenzaron este proyecto juntos, pero ellos se asustaron y regresaron
a la plantación. Quizás previniendo que algún día esto ocurriese de nuevo,
portaba una pistola en sus incursiones de libertad y si cualquier esclavo líder
de un grupo del norte vacilaba, sacaba su pistola y decía: “¡Serás libre o
morirás!”. Siempre daba fortaleza para seguir adelante. Harriet iba sobre los
bancos del riachuelo, atravesando pantanos, sobre colinas, en la oscuridad de
la noche, e hizo diecinueve viajes secretos hacia el peligroso sur.
En 1851 partió con
un grupo de once hacia Canadá, ya que por la ley de esclavos fugitivos, para
ese momento, era peligroso detenerse cerca de la frontera. Un esclavo del
grupo, cuya recompensa era de $15.000, estaba tan asustado que no pronunciaba
palabra alguna, ni se atrevía a mirar por la ventana para admirar la escena de
la travesía desde Búfalo. Cuando se encontró en tierra libre, cantó y gritó tan
fuerte que nadie podía hacerlo callar. Harriet Tubman le dijo: “Tú, viejo
tonto, tú. ¡Al menos hubieses visto las cataratas del Niágara en el camino
hacia a la libertad!”.
Sin amigos y sin
trabajo en Canadá, Harriet oró, cocinó y mendigó por los refugiados durante el invierno.
Luego, durante la primavera regresó al sur para liberar más esclavos. Fue sola,
pero una vez que comenzó a liberar más esclavos, obtuvo ayuda. Habían
“estaciones secretas de trenes subterráneos” desde Wilmington, Delaware, hasta
los grandes lagos; escondiéndose en graneros, bodegas de vino, iglesias,
leñeras, cuevas. Los hombres blancos la ayudaban con comida, ropa de invierno y
carretas con asientos falsos en donde escondían esclavos para los largos viajes
con un clima miserable.
Harriet Tubman, una
de las más famosas “conductoras” de los “subterráneos”, dijo una vez: “nunca he
descarrilado un tren y nunca he perdido a ningún pasajero”. Como persona de
extremada dedicación por los otros, su fama creció así entre los anales del
tiempo porque sirvió a su gente. Sin duda que su entendimiento espiritual le
otorgó el coraje para enfrentar la esclavitud o los trabajos forzados cuando
eran más intensos. Como el bíblico Moisés, quien liberó a los hebreos de los
egipcios, la señora Tubman fue considerada como la conductora “del asunto
egipcio”. Salir de “Egipto” hacia la “tierra prometida” fue una tarea
arriesgada. Pero una vez allí, debajo de la estrella norte, cada esclavo
escapado debió rendirse como Harriet Tubman lo hizo cuando dijo: “Miré mis
manos para ver si soy la misma persona ahora que estoy libre. ¡Hubo tanta
gloria en todo! El sol apareció como oro a través de los árboles y sobre los
campos y me sentí como si estuviera en el cielo”.
Contribución de
Malaika, Horne, St. Louis, MO.