lunes, 19 de marzo de 2012

“Los Problemas del Mundo”



Autor desconocido, adaptado de 
la recopilación de Cuentos de Valores Humanos 
del Área de Educación del Centro Sai Posadas 
de Misiones, Argentina.





Un científico que vivía preocupado por lo mal que estaba el mundo, se pasaba horas trabajando en su laboratorio. Investigaba las enfermedades, tanto físicas, como las psíquicas. Su tarea era muy importante, y le ocupaba todo su tiempo. Su hijo le pedía que juegue con él, y el científico prometía hacerlo, y realmente lo deseaba, pero su trabajo lo absorbía tanto que nunca cumplía con su promesa.

     Un día el niño se presentó en el laboratorio y reclamó a su padre que cumpliera su palabra y lo llevara al parque a jugar a la pelota.

     El científico, como siempre, estaba en medio de un experimento que no podía abandonar. Buscó con que entretener a su hijo, hasta que concluyera su trabajo. Encontró sobre el escritorio un mapa con los países del mundo y lo recortó en muchos pedazos.

- Mira hijo - dijo el hombre – Me falta muy poco para llegar a una conclusión. Mientras tú armas este rompecabezas, yo terminaré y podremos salir a jugar.
- ¿Me prometes que en cuanto arme el rompecabezas me llevarás al parque?
- Lo prometo – dijo el padre, calculando que la tarea era difícil y le llevaría mucho tiempo.
- ¡Viva! Gritó el niño, e inmediatamente se enfrascó en la tarea.

A los 10 minutos volvió donde su padre y le dijo:

- ¡Ya está! – mostrándole, con una gran sonrisa, el mapa perfectamente armado.
- ¡¿Ya lo armaste?! – Dijo el padre, asombrado y no pudiendo creer lo que veía. ¿Cómo lo hiciste?
- Muy fácil - dijo el niño – yo no sabía cómo era el mundo, pero le di vuelta a los papeles y del otro lado, aunque todo estaba roto y desarreglado, se podía ver la imagen de un hombre, entonces arreglé al hombre y el mundo se arregló solo.

El científico pensó que si los grandes enfrentáramos cada problema con la sencillez con que los niños ven todo, ¡ya habríamos logrado arreglar el mundo!

Se sacó el guardapolvo, tomó a su hijo de la mano, y salió feliz hacia el parque. El niño no podía estar más contento.



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