Había una vez un osito llamado Dobi, vivía
con su mamá en el bosque, cerca del lago.
Una mañana, la mamá decidió cocinar para su
hijo, su plato favorito, fideos con salsa.
Cuando Dobi se levantó, el olorcito ya
invitaba a mojar un pancito en la olla, cosa que mamá impedía, siempre que llegara antes de que Dobi retirara la tapa. Esta vez lo logró, y
arrebatando el pan de la mano de su hijo, puso en ella una canasta y le dijo:
-
Por favor, ve hasta el lago, y tráeme las hierbas
que necesito para aromatizar la salsa.
-
Está bien – dijo Dobi, mirando la olla con muchas
ganas.
Tomó el camino que llevaba al lago, de muy
buen humor silbando una canción.
De pronto oyó que lo chistaban.
Miró hacia todos lados, sin ver a nadie
-
¡Chst, Chst.! Aquí arriba oso, ¡Aquí!
Un mono, arriba de un árbol, lo llamaba ¿Qué
querría?
- ¿Es a mí? – preguntó Dobi
-
Si, ¿a dónde vas?-
-
Al lago, a buscar unas hierbas para mi mamá.-
-
¿Y no tienes miedo de ir solo?
-
¿Por qué habría de tener miedo?
-
Porque en el lago vive un monstruo, feo, peludo y
gritón
-
¿Cómo sabes eso?
-
Yo mismo lo he visto. Cuando llegues al lago asómate
al agua y lo verás
El oso, siguió su camino, pero con algo de
temor. ¿Y si el mono decía la verdad?
Al llegar al lago, sus temores habían crecido
durante el camino, se asomó al agua, y al ver su propia imagen reflejada, se
asustó tanto que salió corriendo.
Llegó donde estaba el mono, y le dijo:
-
Tenías razón, lo vi. Era amenazante y salí
corriendo.
El mono bajó del árbol y buscó un palo grueso
y fuerte.
-
Toma esto – le dijo – Asómate sigilosamente y en
cuanto lo veas, le pegas con el palo
-
Gracias, lo llevaré y seguiré tu consejo
Partió nuevamente, y al llegar y asomarse al
agua, volvió a ver su reflejo blandiendo el amenazante palo.
Su temor aumentó, arrojó el palo lejos de sí
y corrió a su casa.
Al pasar
por donde estaba el mono, éste le gritó:
-
¿Qué pasó? ¿Le pegaste con el palo?
-
No – gritó el oso en carrera – Él tenía un palo
también.
Llegó a su casa asustado, sin las hierbas ni
la canasta. Contó todo a su madre y ella le contestó.
-
Dobi, ve otra vez al lago, y cuando veas al
monstruo, sonríele, verás que el también te sonríe.
-
No mami, tenía un palo.
-
Hazme caso hijo, si tu no lo amenazas el tampoco lo
hará
El oso obedeció, no quería que su madre
pensara que él era un cobarde.
Volvió a encontrarse con el mono, quien
insistió con sus recomendaciones, pero Dobi sólo quería recordar lo que su mamá
le había dicho, si le sonreía, el monstruo también sonreiría.
Llegó al lago, se asomó al agua, sonrió
tímidamente, y vio su propia imagen sonriendo también.
Entonces sonrió más, y más, hasta que rompió
a reír a carcajadas. Entonces tomó su canasta, que había quedado tirada y
comenzó a recoger las hierbas para aromatizar la salsa.
(Recreación
sobre el argumento de un dibujo animado ruso.)
Mirta
Pedalino
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