martes, 17 de abril de 2012

Rapidin y la Sirena


RAPIDÍN Y LA SIRENA



Rapidín era un pez pequeño y juguetón, que parecía todo de oro, porque cuando nadaba cerca de la superficie del mar, los rayos del sol se reflejaban en su cuerpo. Era muy inteligente, y también tenía un corazón de oro. Todos lo querían y él era amable con todos los que lo rodeaban.

Sin embargo, le resultaba muy difícil quedarse quieto. Cuando estaba con sus amigos, y debía escuchar al Gran Delfín, que era el que enseñaba todo respecto al mar donde vivían, no lograba dejar quietas, ni su cola, ni sus aletas.  Se movía en todas direcciones, nadaba a izquierda o derecha, todo el tiempo sin parar.

Un día en que estaba especialmente inquieto, vio aparecer una sirena, que le hizo señas de que se acercara. Rapidín se sintió impresionado, porque aunque había escuchado hablar mucho de sirenas, era la primera vez que veía una de verdad.

La sirena le habló con amor, le dijo que había observado su necesidad de moverse continuamente.  Rapidín le explicó que había intentado todo, pero no lograba controlarlo, era mas fuerte que el.

Entonces la sirena le pidió que moviera la cola, y luego la dejara quieta. Rapidín lo hizo sin problemas. Después le pidió que hiciera lo mismo con las aletas, y pudo hacerlo.

La sirena le explico, que su cabecita era la que controlaba todo su cuerpo. Rapidín lo comprobó, cada vez que pensaba, -“cola quédate quieta” – la cola le obedecía.

Se puso muy contento, y le agradeció a la sirena sus consejos. Ella antes de irse, le dio otra enseñanza muy valiosa. Le dijo que si quería que su cabecita tuviera aún mas poder, solo tenía que hacer varias respiraciones profundas y lentas varias veces al día, pero sobre todo cuando empezaba a ponerse inquieto.

Rapidín puso en práctica todo lo que la sirena le enseñó, sabía que era una gran suerte haberla conocido. Pronto aprendió a controlarse y hacer bien todo lo que se proponía.

El Gran Delfín le dio un diploma, por haber mejorado tanto en sus clases. Porque ya no estaba nervioso, y su aprendizaje era cada día mejor.



                                                                                   MICHEL DUFOR

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