martes, 17 de abril de 2012

La Mona Detective


LA MONA DETECTIVE



Monona es una mona muy inteligente. Vive con su familia, en los árboles de la selva, comiendo frutas y brotes tiernos de las ramas.

Duerme la siesta en una camita que se hizo entre los árboles bien altos, a la sombra.

Cuando se levanta, juega a las monerías, con sus hermanos y primos monos, que siempre  vienen a visitarla.

Pero a Monona, lo que más le gusta es investigar. Se sienta pacientemente a estudiar las hormigas, para aprender la forma ordenada que tienen de trabajar.

Se va por las ramas bien lejos, buscando un panal de miel, y observa cómo las abejas la preparan, con el néctar que traen de las más lindas flores de la selva.

Estudia a los pájaros, y ve como arman sus nidos y cuidan de los pichoncitos.

Mira con atención, como camina la serpiente, que no tiene patas.

A veces, vuelve a casa con un picotón de abeja, o un chichón por caerse de alguna rama muy alta. Pero vuelve contenta, porque a ella le gusta curiosear.

No se conforma con lo que le cuentan los otros monos, le gusta saber. Si en la selva hubiera libros y Monona aprendiera a leer, ella solita podría escribir uno con todo lo que aprende observando pacientemente a los animales, las plantas, las nubes. Le gusta juntar flores de diferentes colores, y hojas de árboles y las guarda. Mira con atención la marcha de los elefantes y no tiene miedo a los leones, porque ya sabe que ellos no pueden subir, adonde está ella.

Los otros monos le hacen burla, pero ella no les hace caso y se va de rama en rama, en busca de algo interesante para aprender.

Un día la mamá de Monona, le hizo una gran torta de cumpleaños, cubierta de bananas, higos y cerezas. La dejó sobre una piedra para que se enfríe, mientras iba a buscar el dulce de leche para decorarla.

Cuando volvió, la torta ya no estaba más. La buscó por todas partes, y nada. Alguien la había robado. ¿Pero quién?

La noticia corrió de boca en boca y cuando todos estuvieron enterados, comenzaron a preguntarse quién se había llevado la torta de Monona.

-         Yo no fui- dijo uno

-         Yo tampoco – dijo otro

-         ¿Nadie fue? - preguntó Monona

-         ¡Nadie! – le contestaron todos

-         Entonces, yo voy a descubrir quien fue, ya verán- dijo Monona, y se puso a mirar muy seria el lugar de donde la torta había desaparecido.

-         Era una torta muy grande, así que el que se la llevó debe tener mucha fuerza, y también dos manos- pensó

-         Así que los pájaros no pueden ser. Si se la llevó caminando, debería haber dejado huellas, y huellas de pies aquí no hay – siguió pensando.

-         Así que elefantes no pueden ser y jirafas tampoco. Tiene que haber venido por las ramas, colgándose de la cola o de los pies para poder llevar la torta con las manos

Dando vuelta y vueltas, alrededor de la piedra, Monona encontró pedacitos de fruta caída.

-         Ajá, se fue por acá –descubrió.

Y siguiendo el rastro, llegó casi hasta el borde del bosque, hasta donde viven los gibones, que son monos, que son monos que viajan por los árboles, andando con manos y pies.

Y justo bajo un árbol encontró a dos monos gibones, relamiéndose  de gusto, a punto de comerse la torta.

-         ¡Piedra libre para mi torta de cumpleaños!  - gritó Monona, y los monos sorprendidos huyeron por los árboles.

-         Acá está mi torta, mami. – Dijo Monona llegando a su casa.

-         Por ser tan estudiosa e inteligente, resolviste el misterio hija- le dijo su madre.

-         ¡Que tengas un muy Feliz Cumpleaños! Y todos los monos aplaudieron



Fuente: Los cuentos de jardincito                                   Autora: Lili del Vals

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