LA
MONA DETECTIVE
Monona es una mona muy inteligente. Vive con
su familia, en los árboles de la selva, comiendo frutas y brotes tiernos de las
ramas.
Duerme la siesta en una camita que se hizo
entre los árboles bien altos, a la sombra.
Cuando se levanta, juega a las monerías, con
sus hermanos y primos monos, que siempre
vienen a visitarla.
Pero a Monona, lo que más le gusta es
investigar. Se sienta pacientemente a estudiar las hormigas, para aprender la
forma ordenada que tienen de trabajar.
Se va por las ramas bien lejos, buscando un
panal de miel, y observa cómo las abejas la preparan, con el néctar que traen
de las más lindas flores de la selva.
Estudia a los pájaros, y ve como arman sus
nidos y cuidan de los pichoncitos.
Mira con atención, como camina la serpiente,
que no tiene patas.
A veces, vuelve a casa con un picotón de
abeja, o un chichón por caerse de alguna rama muy alta. Pero vuelve contenta,
porque a ella le gusta curiosear.
No se conforma con lo que le cuentan los
otros monos, le gusta saber. Si en la selva hubiera libros y Monona aprendiera
a leer, ella solita podría escribir uno con todo lo que aprende observando
pacientemente a los animales, las plantas, las nubes. Le gusta juntar flores de
diferentes colores, y hojas de árboles y las guarda. Mira con atención la
marcha de los elefantes y no tiene miedo a los leones, porque ya sabe que ellos
no pueden subir, adonde está ella.
Los otros monos le hacen burla, pero ella no
les hace caso y se va de rama en rama, en busca de algo interesante para
aprender.
Un día la mamá de Monona, le hizo una gran
torta de cumpleaños, cubierta de bananas, higos y cerezas. La dejó sobre una
piedra para que se enfríe, mientras iba a buscar el dulce de leche para
decorarla.
Cuando volvió, la torta ya no estaba más. La
buscó por todas partes, y nada. Alguien la había robado. ¿Pero quién?
La noticia corrió de boca en boca y cuando
todos estuvieron enterados, comenzaron a preguntarse quién se había llevado la
torta de Monona.
-
Yo no fui- dijo uno
-
Yo tampoco – dijo otro
-
¿Nadie fue? - preguntó Monona
-
¡Nadie! – le contestaron todos
-
Entonces, yo voy a descubrir quien fue, ya verán-
dijo Monona, y se puso a mirar muy seria el lugar de donde la torta había
desaparecido.
-
Era una torta muy grande, así que el que se la llevó
debe tener mucha fuerza, y también dos manos- pensó
-
Así que los pájaros no pueden ser. Si se la llevó
caminando, debería haber dejado huellas, y huellas de pies aquí no hay – siguió
pensando.
-
Así que elefantes no pueden ser y jirafas tampoco.
Tiene que haber venido por las ramas, colgándose de la cola o de los pies para
poder llevar la torta con las manos
Dando vuelta y vueltas, alrededor de la
piedra, Monona encontró pedacitos de fruta caída.
-
Ajá, se fue por acá –descubrió.
Y siguiendo el rastro, llegó casi hasta el
borde del bosque, hasta donde viven los gibones, que son monos, que son monos
que viajan por los árboles, andando con manos y pies.
Y justo bajo un árbol encontró a dos monos
gibones, relamiéndose de gusto, a punto
de comerse la torta.
-
¡Piedra libre para mi torta de cumpleaños! - gritó Monona, y los monos sorprendidos
huyeron por los árboles.
-
Acá está mi torta, mami. – Dijo Monona llegando a su
casa.
-
Por ser tan estudiosa e inteligente, resolviste el
misterio hija- le dijo su madre.
-
¡Que tengas un muy Feliz Cumpleaños! Y todos los
monos aplaudieron
Fuente:
Los cuentos de jardincito Autora: Lili
del Vals
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