martes, 17 de abril de 2012

LA ARAÑA SARA


En la rama de un árbol estaba Sara, la araña tejedora.

       Punto arriba, punto abajo

       punto derecho, punto revés...

Tejía bufandas largas y sacos cortos. Tejía frazadas de colores y gorros con pompón... Tejía de día, tejía de noche. Un día dijo:

-         Tejo y tejo todo el día. ¡Estoy aburrida!

En ese momento, pasó por allí el grillo cantor con su guitarra.

-         Te cambio mis agujas de tejer por tu guitarra – le dijo Sara.

-         ¡Bueno! – Contestó el grillo y se alejó tejiendo el aire.

Mientras tanto, Sara se quedó tratando de tocar una canción.

El grillo saltó por todos lados y como el tejido lo aburría, fue hasta la flor amarilla, donde vivía la abeja y le dijo:

-         Te cambio estas agujas por un frasco de miel.

-         ¡Bueno! – dijo la abeja y guardó las agujas para tejer más tarde.

El grillo se alejó comiendo miel, sin cuchara y sin servilleta.

La abeja tomó las agujas y se puso furiosa, porque los puntos se le escapaban.

-         Esto es un lío- dijo y salió volando.

Cuando llegó a la casa del caracol, lo encontró regando las flores de su jardín, con la regadera, y le dijo:

-         Te cambio unas agujas de tejer por tu regadera.

-         ¡Bueno! – dijo el caracol, y guardó las agujas de tejer en su casita, mientras la abeja se iba contenta a regar su flor amarilla.

Cuando el caracol buscó las agujas, se dio cuenta que no sabía tejer, y como no le servían para nada, se las regaló a una vaquita de San Antonio que pasaba  por allí.

-         ¡Gracias!- le dijo la vaquita, pero a ella tampoco le eran útiles. Las guardó bajo su ala, y siguió paseando, por las flores blancas, las flores rojas, las flores azules. De pronto oyó que alguien lloraba desde una rama. Se acercó y vio que quien lloraba era la araña Sara.

-         ¿Por qué lloras?- le preguntó.

-         Porque mis hijitos tienen frío, y no tengo con que tejerles un saquito.

-         ¡Sorpresa! – gritó la vaquita de San Antonio, y sacó las agujas de tejer de debajo de sus alas

-         ¡Gracias! – dijo la arañita tejedora y le regaló, a cambio la guitarra.

-         ¡Tralalá! ¡Tralalá! ¡Tralalero, lero, la! – cantaba la vaquita.

Mientras tanto, Sara empezó:

              Punto arriba, punto abajo.

              punto derecho, punto revés

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