martes, 17 de abril de 2012

Piky y el Puerco Espín


PIKY EL PUERCO ESPÍN




Piky era un puerco espín. Tenía un aspecto muy gracioso. Parecía una bolita de espinas, con sus ojos brillantes y su hocico puntiagudo. Al verlo los demás animales del bosque solían acercarse a él, queriendo conocerlo. Pero cada vez,  que alguno de ellos se le aproximaba, Piky se sentía incomodo y de pronto, sin poderlo remediar, sus espinas se erizaban y ¡zas! El otro animal terminaba con la nariz pinchada y la cara lastimada por las espinas.

Muy pronto, todos sabían que no había que acercarse a él, pues resultaba peligroso. Era imposible saber como iba a reaccionar.

Un día Piky se paseaba solo por el bosque, como de costumbre, y estaba muy aburrido. Le hubiera gustado mucho tener amigos para jugar con ellos, pero en cuanto veía otro animal éste salía huyendo rápidamente. Trató de correr tras ellos, para invitarlos a jugar, pero cuanto más corría él, más rápido escapaban los otros.

Ese día, Piky vio al lado de un árbol, a un animal que, extrañamente permanecía inmóvil.
Era la liebre Orejas Largas, que estaba allí descansando. Piky se aproximó lentamente, para no asustarla. Se sorprendió al ver, que Orejas Largas no huía, sin embargo estaba temblando.

-         ¿Por qué te quedas allí? – le preguntó

-         No me hagas daño, te lo suplico.- Le dijo - ¡Me he fracturado una pata!

Piky sintió que sus espinas se bajaban, pues no corría ningún peligro, y además alguien lo necesitaba.

-         Me quedaré contigo – le dijo – Te voy a ayudar, me encantará hacerlo.

Nuestro amigo se quedó varios días con Orejas Largas, cuidándola y llevándole alimento y todo lo que necesitaba, hasta que su pata se curó. Así, Piky tuvo un amigo, el amigo que tanta falta le hacía.

Un día, Orejas Largas, le dijo a Piky:

-         Me voy, quiero volver a ver a mis amigos.-

-         ¿Por qué no te quedas conmigo? Estamos muy bien aquí – le dijo Piky – mis espinas ya no se erizan cuando estoy contigo. ¿Me vas a abandonar?

Al decir esto, nuestro amigo sintió, que sus espinas se enderezaban de nuevo, sintió enojo y miedo

-         Tranquilo, no te voy a abandonar – dijo Orejas Largas – Si quieres te presentaré a mis amigos.

-         ¡De acuerdo! – dijo Piky emocionado – Te espero aquí, ¡Vuelve pronto! – Y sus espinas se bajaron otra vez.

Y de ese modo, día tras día, Orejas Largas fue a buscar a sus amigos y, con mucho cuidado, enseñó a Piky, a no tener miedo, a acercarse a  los demás a jugar y a dejar que lo acariciaran sin erizar sus espinas.

De vez en cuando, las espinas de Piky se erizaban sin avisar. En estos casos, Orejas Largas, lo invitaba a tranquilizarse rápidamente, y pedía a los demás animales que no huyeran y que volvieran con el, precisamente para ayudarle a aprender a no erizar sus espinas. Poco a poco, nuestro puerco espín consiguió permanecer tranquilo y mantener sus espinas a lo largo de su cuerpo. Cada vez tuvo más amigos, que aprendieron a conocerlo y a apreciarlo.

Cuando terminó la temporada, Piky irradiaba felicidad. Estaba rodeado de amigos, y todos querían pasear, jugar, o simplemente estar a su lado.



                                                                                     Michel Dufour

No hay comentarios:

Publicar un comentario