martes, 17 de abril de 2012

Payaso Plin Plin


payaso Plin Plin




El payaso Plin Plin estaba muy, pero muy, triste. Cada vez que los chicos lo nombraban, era para recordar aquella tarde en que se pinchó la nariz y empezó a estornudar.

-         ¡Yo hice cosas más importantes en mi vida que pincharme la nariz! – decía muy, pero

muy disgustado – Por ejemplo, - se recordaba – una vez se escapó el tigre de su jaula, y yo no tuve nada de miedo, lo acorralé con una silla y lo encerré nuevamente, para que ningún chico que vino al circo, corriera peligro.

-         Otro día, le quité una espina de la pata al elefante, para que no sufriera el pobrecito. ¿Porqué entonces sólo me recuerdan por algo tan insignificante como haberme pinchado la nariz. ?

Mientras daba vueltas y vueltas alrededor de un árbol, se hacía esta pregunta una y otra vez.

Un ratoncito que vivía arriba del árbol, lo escuchó, y salió de su escondite.

-         Payasito Plin Plin, no me gusta ver a nadie tan preocupado. ¿Por qué no me cuentas cómo fue que te pinchaste la nariz, a lo mejor entre los dos, entendemos por qué los chicos te recuerdan por eso, en lugar de por tus actos tan valientes? – le propuso el inquieto ratoncito.

-         No creo que nadie pueda ayudarme pero por las dudas te cuento – contestó Plin Plin

Resulta que una tarde, cuando la función estaba por comenzar, me agaché para sacarle brillo a mis enormes zapatos y ¡zas!, Se me descosió la parte de atrás del pantalón. Tomé una aguja y un pedazo de hilo, muy apurado porque tenía poco tiempo. Como no tenía mis anteojos, no podía enhebrar la aguja. Entonces para ver mejor, me acerqué más y más a ella, un poquito más, y otro poquito más, hasta que ¡zas! Me pinché la nariz. El fuerte pinchazo me hizo estornudar veintitrés veces seguidas. Cuando pude parar de estornudar, sentí que todos los chicos reían con más ganas que nunca. Miré a  mi alrededor y, con sorpresa, vi que alguien había descorrido el gran telón que me tapaba. ¡Los chicos habían visto todo!

Plin Plin estaba colorado de vergüenza.

-         ¡Ahora entiendo! – gritó el ratoncito muerto de risa. Uno puede olvidarse de un payaso 

que encierra a un tigre o ayuda a un elefante. Pero Plin Plin, ¿quién no se va a acordar de un payaso que se pincha su colorada nariz, con la punta de una aguja, en medio de una función de circo? Y para colmo con todo el pantalón descosido

Plin Plin tomó al ratoncito entre sus manos, lo miró serio, y luego se largó a reír tanto como su amiguito.

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