payaso Plin Plin
El payaso Plin Plin estaba muy, pero muy,
triste. Cada vez que los chicos lo nombraban, era para recordar aquella tarde
en que se pinchó la nariz y empezó a estornudar.
-
¡Yo hice cosas más importantes en mi vida que
pincharme la nariz! – decía muy, pero
muy disgustado – Por
ejemplo, - se recordaba – una vez se escapó el tigre de su jaula, y yo no tuve
nada de miedo, lo acorralé con una silla y lo encerré nuevamente, para que
ningún chico que vino al circo, corriera peligro.
-
Otro día, le quité una espina de la pata al
elefante, para que no sufriera el pobrecito. ¿Porqué entonces sólo me recuerdan
por algo tan insignificante como haberme pinchado la nariz. ?
Mientras daba vueltas y
vueltas alrededor de un árbol, se hacía esta pregunta una y otra vez.
Un ratoncito que vivía
arriba del árbol, lo escuchó, y salió de su escondite.
-
Payasito Plin Plin, no me gusta ver a nadie tan
preocupado. ¿Por qué no me cuentas cómo fue que te pinchaste la nariz, a lo
mejor entre los dos, entendemos por qué los chicos te recuerdan por eso, en
lugar de por tus actos tan valientes? – le propuso el inquieto ratoncito.
-
No creo que nadie pueda ayudarme pero por las dudas
te cuento – contestó Plin Plin
Resulta que una tarde,
cuando la función estaba por comenzar, me agaché para sacarle brillo a mis
enormes zapatos y ¡zas!, Se me descosió la parte de atrás del pantalón. Tomé
una aguja y un pedazo de hilo, muy apurado porque tenía poco tiempo. Como no
tenía mis anteojos, no podía enhebrar la aguja. Entonces para ver mejor, me
acerqué más y más a ella, un poquito más, y otro poquito más, hasta que ¡zas!
Me pinché la nariz. El fuerte pinchazo me hizo estornudar veintitrés veces
seguidas. Cuando pude parar de estornudar, sentí que todos los chicos reían con
más ganas que nunca. Miré a mi alrededor
y, con sorpresa, vi que alguien había descorrido el gran telón que me tapaba.
¡Los chicos habían visto todo!
Plin Plin estaba colorado de
vergüenza.
-
¡Ahora entiendo! – gritó el ratoncito muerto de
risa. Uno puede olvidarse de un payaso
que encierra a un tigre o
ayuda a un elefante. Pero Plin Plin, ¿quién no se va a acordar de un payaso que
se pincha su colorada nariz, con la punta de una aguja, en medio de una función
de circo? Y para colmo con todo el pantalón descosido
Plin Plin tomó al ratoncito entre sus manos,
lo miró serio, y luego se largó a reír tanto como su amiguito.
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