Pablito volvió del colegio y como siempre,
entró corriendo. Pasó por la cocina le dio un beso grandote a su mamá; colgó el guardapolvo en su perchero, dejó los
útiles, y siguió su carrera hacia el patio de atrás, con el grito de todos los
mediodía en la voz:
-¡Tobi. Tobi! Ya llegué.-
Pero no sintió las patitas de Tobi sobre su
pecho como siempre. Extrañado volvió a
llamarlo varias veces, sin advertir que su mamá estaba también en el patio,
detrás de él.
Cuando la vio, su expresión de tristeza, le
cerró la garganta de angustia.
-¿Dónde está Tobi?-
Pero no esperó la respuesta. Los ojos de su
madre, se la habían dado, antes que las palabras entrecortadas que salían de
sus labios.
Corrió a su cuarto y se arrojó sobre la cama
a llorar amargamente.
La mamá se sentó a su lado, y lo dejó llorar
todo lo que necesitara. Cuando por fin Pablito pudo hablar, solo dijo:
-¿Por qué?
La mamá por respuesta, tomó el libro de
cuentos que su hijo conocía tan bien, y leyó.
En el fondo de la fuente que hay en la plaza
del pueblo, vive una familia de larvas. Son muy unidas y se cuentan sus
secretos y sueños. Un día una de ellas sintió un gran deseo de subir por un
tallo de lirio, que creció en la fuente, y les dijo a sus amigas:
-
Iré hasta la superficie del agua, veré que hay fuera
del estanque y volveré a contarles.
Pero nunca regresó. Las larvas no podían
entender, como había olvidado su promesa.
Al poco tiempo, una de ellas quiso repetir la
aventura, pero antes prometió no hacer lo mismo que la que había ido primero,
-
Yo volveré, se los prometo. ¡Cueste lo que cueste,
volveré!
Comenzó a caminar por un fino tallo y cuando
finalmente estuvo fuera, se puso a descansar
sobre una hoja.
El sol calentó su cuerpecito, y empezó a
sentir, que cambiaba, que se desprendía de él.
Era
una transformación muy bella, ahora tenía alas transparentes. Las agitó y se
dio cuenta que podía volar.
Miró a su alrededor, y un mundo desconocido
atrajo su atención.
¿Qué eran esas bellísimas cosas, agarradas de
tallos como los que crecían en la fuente?
-
¡Pero si ahora tengo alas! Puedo volar y ver de que
se trata. – Se dijo
Al llegar se encontró con que alguien salía
de adentro.
-
¿Quién eres? – preguntó
-
Soy abeja, estoy recolectando néctar para hacer miel
-
¿Qué es esto?
-
Una flor.
-
¡Que hermosa! Donde yo vivía no había flores.-
Al decir esto, recordó su promesa de volver
al fondo de la fuente, para contarles a sus amigas las cosas que había visto en
este nuevo lugar.
-
¡Chau abeja! Tengo que volver con mis amigas.
Voló de vuelta a la hoja de la que había
partido, desde allí podía ver a sus amigas. Al dirigirse hacia el agua, se vio
reflejada. Entonces comprendió, que no podría cumplir su promesa.
Sus amigas no
hubieran reconocido este nuevo, bello y radiante cuerpo que ahora tenía.
Además estaba preparado para otro espacio, en
el aire libre, no debajo del agua.
Sintió un poquito de pena, pero enseguida se
dio cuenta, que llegaría el día en que ellas también conocerían este otro
lugar, fuera de las aguas de la fuente.
Pablito miró a su mamá, y preguntó:
- ¿Tobi estará en algún lugar
mas lindo?
-
Así es hijo, los cuerpos no duran siempre, pero el
alma sí.
-
¿Tobi tenía alma?
-
Todos los seres, son creación de Dios, y Dios esta
en todo lo que creó y es eterno.
-
¿Podré querer a otro perrito, algún día?
-
Tu amor por Tobi, ¿está aún en tu corazón?
-
¡Si mami!
-
Bueno, no tienes mas que trasladarlo a otro perrito
que lo necesite.
Pablito abrazó fuerte a su mamá, y sintió que
su corazón se llenaba de ternura.
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