martes, 17 de abril de 2012

Pablito


Pablito volvió del colegio y como siempre, entró corriendo. Pasó por la cocina le dio un beso grandote a su mamá;  colgó el guardapolvo en su perchero, dejó los útiles, y siguió su carrera hacia el patio de atrás, con el grito de todos los mediodía en la voz:

-¡Tobi. Tobi! Ya llegué.-

Pero no sintió las patitas de Tobi sobre su pecho  como siempre. Extrañado volvió a llamarlo varias veces, sin advertir que su mamá estaba también en el patio, detrás de él.

Cuando la vio, su expresión de tristeza, le cerró la garganta de angustia.

-¿Dónde está Tobi?-

Pero no esperó la respuesta. Los ojos de su madre, se la habían dado, antes que las palabras entrecortadas que salían de sus labios.

Corrió a su cuarto y se arrojó sobre la cama a llorar amargamente.

La mamá se sentó a su lado, y lo dejó llorar todo lo que necesitara. Cuando por fin Pablito pudo hablar, solo dijo:

-¿Por qué?

La mamá por respuesta, tomó el libro de cuentos que su hijo conocía tan bien, y leyó.



En el fondo de la fuente que hay en la plaza del pueblo, vive una familia de larvas. Son muy unidas y se cuentan sus secretos y sueños. Un día una de ellas sintió un gran deseo de subir por un tallo de lirio, que creció en la fuente, y les dijo a sus amigas:

-         Iré hasta la superficie del agua, veré que hay fuera del estanque y volveré a contarles.

Pero nunca regresó. Las larvas no podían entender, como había olvidado su promesa.

Al poco tiempo, una de ellas quiso repetir la aventura, pero antes prometió no hacer lo mismo que la que había ido primero,

-         Yo volveré, se los prometo. ¡Cueste lo que cueste, volveré!

Comenzó a caminar por un fino tallo y cuando finalmente estuvo fuera, se puso a descansar

sobre una hoja. 

El sol calentó su cuerpecito, y empezó a sentir, que cambiaba, que se desprendía de él. 

 Era una transformación muy bella, ahora tenía alas transparentes. Las agitó y se dio cuenta que podía volar.

Miró a su alrededor, y un mundo desconocido atrajo su atención.

¿Qué eran esas bellísimas cosas, agarradas de tallos como los que crecían en la fuente?

-         ¡Pero si ahora tengo alas! Puedo volar y ver de que se trata. – Se dijo

Al llegar se encontró con que alguien salía de adentro.

-         ¿Quién eres? – preguntó

-         Soy abeja, estoy recolectando néctar para hacer miel

-         ¿Qué es esto?

-         Una flor.

-         ¡Que hermosa! Donde yo vivía no había flores.-

Al decir esto, recordó su promesa de volver al fondo de la fuente, para contarles a sus amigas las cosas que había visto en este nuevo lugar.

-         ¡Chau abeja! Tengo que volver con mis amigas.

Voló de vuelta a la hoja de la que había partido, desde allí podía ver a sus amigas. Al dirigirse hacia el agua, se vio reflejada. Entonces comprendió, que no podría cumplir su promesa.

Sus amigas no  hubieran reconocido este nuevo, bello y radiante cuerpo que ahora tenía.

Además estaba preparado para otro espacio, en el aire libre, no debajo del agua.

Sintió un poquito de pena, pero enseguida se dio cuenta, que llegaría el día en que ellas también conocerían este otro lugar, fuera de las aguas de la fuente.

Pablito miró a su mamá, y preguntó:

      -     ¿Tobi estará en algún lugar mas lindo?

-         Así es hijo, los cuerpos no duran siempre, pero el alma sí.

-         ¿Tobi tenía alma?

-         Todos los seres, son creación de Dios, y Dios esta en todo lo que creó y es eterno.

-         ¿Podré querer a otro perrito, algún día?

-         Tu amor por Tobi, ¿está aún en tu corazón?

-         ¡Si mami!

-         Bueno, no tienes mas que trasladarlo a otro perrito que lo necesite.

Pablito abrazó fuerte a su mamá, y sintió que su corazón se llenaba de ternura.

Mirta Pedalino

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